guirre

guirre
De *gihir > [gi:r:ə], n. vb. m. sing. lit. ‘tirar objetos sólidos’.

*ē- > ø- + Cv, pérdida de la vocal de estado ante consonante breve seguida de vocal plena. *-ih(i)- > -î-, por contracción.
G·R

1. m. ant. Ornit. Abanto, alimoche (Neophron percnopterus). Expr. t.: guirhe. V. guirrea; guirrear. Ú. t. en Salamanca para referirse al ‘vencejo’. Sin.: izazen.

§ «[…] i unas aues menores que pauos, tienen el pico amari­llo i pies, son maiores que los de Spaña que llaman quebranta­güezos, es aue mui sucia, busca las inmundicias, cría en los riscos i es aue temida, llaman los Guirhes» [Gómez Escudero (ca. 1484) 1993: 437].

§ «[…] y daba conla azadura, y seyban, la qual quedaba por pasto para los cuerbos, y quebrantahuesos, que en estaYsla [LP] llamaban Guírres» [Abreu (ca. 1590, III, 4) d. 1676: 79v].

§ «[…] ataban por la frente tiras, ó correas anchas de dos dedos teñidas de colorado, y ponianle tres, ó quatro plumas de milano, cuerbo, ó guírre, quebranta huezos, y este tocado llaman Guapil» [Marín 1694, I, 19: 38r].

§ «[…] guirres ò quebranta huesos» [Marín 1694, II, 19: 80v; Glas 1764: 178].

§ «Guirre (Vultur)» [Viera 1866, I: 339].

§ «Guirre» [Álvarez Rixo (1868) 1880: 26v y (ca. 1860) 1991: 47].

§ «Guirre, vautour» [Berthelot 1842, I: 187].

§ «Guirre, buitre» [Pizarroso 1880: 158].

§ «Guirhe, C[anaria]. “El buitre”. Escudero» [Bethencourt Alfonso (1880) 1991: 283].

N. B. Citado alguna vez en la bibliografía simplemente como buitre o quebrantahuesos, el abanto, hoy en día mucho menos numeroso en las Islas que en los tiempos de la Conquista, debe sin duda su nombre isleño (guirre) a una característica muy peculiar:

Lo más interesante en el comportamiento del alimoche es que ha llegado a conquistar un rasgo de inteligencia privativo de muy pocas especies animales. La utilización de un instru­mento para un fin determinado. Efecti­vamente, según descubrió recientemente y plasmó en maravillosas fotogra­fías el barón Hugo Van Lawick, los alimoches de ciertas regiones de África Oriental, como la cal­dera del Ngorongoro y el Serengeti, rompen los huevos de aves­truz valiéndose de piedras que to­man con el pico y dejan caer sobre ellos [Rodríguez de la Fuente 1970, I: 293].