babilón

babilón, ona
Del adj. esp. babilón, 2ª acep.

1. adj. desus. Soc. Apodo aplicado al habitante de Santa Cruz de Tenerife. 

2. desus. p. ext. Soc. Apodo aplicado al natural de la isla de Tenerife. 

3. Tf. desus. Soc. Miembro de una orden de especialistas en el culto religioso.

§ «[…] mas con ardiente resolución le pregunté por las porquerías babilonas, pues, siendo babilón mi padre, quería a lo menos saberlas» [Cristóbal del Hoyo (1745) 1983: 321].

§ «La policía, industria y el comercio se adelantaron en Tenerife tanto que, admirados los isleños comarcanos y mirándola como una Babilonia, solían llamar babilones a sus habitadores» [Viera (1776, lib. XIII, 2) 1982a, II: 113].

§ «Babilones. Naturales del Sur de Tenerife» [Pérez Galdós (ca. 1860) 2003: 99].

§ «Babilón, na, adj. En las demás Islas Canarias así denominan a el natural de Tenerife» [Álvarez Rixo (ca. 1880) 1992: 70].

§ «Babilones, T[enerife], “Una clase sacerdotal que se cree procedente de los Deslenguados» [Bethencourt Alfonso (1880) 1991: 241].

§ «Babilones. adj. pl. fam. Apodo de los habitantes de Santa Cruz de Tenerife» [Maffiotte (a. 1887) 1993: 40].

§ «Y por último los sacerdotes babilones, de papel poco conocido en sus ceremonias y ritos, pero que nos inclinamos a que eran los principales en lo que hemos llamado paganismo clásico o séase en el culto rendido a las diosas Chaxiraxi, Abona, etc. Usaban como los anteriores hábito talar suelto ‘pero de color encarnado y guapilete semejante a la mitra de los obispos’. Su recuerdo sobrevive entre los fieles de Icod, Fasnia y otros pueblos de la isla» [Bethencourt Alfonso (1911) 1994b: 276-277].

N. B. No existen indicios que avalen una supuesta condición amaziq (continental o insular) de esta denominación. Por el contrario, las lenguas romances proveen una solución lingüística segura, remitiendo su etimología remota al lexema indoeuropeo baba- (Roberts y Pastor 1996: 17). Junto al antiguo adjetivo español babilón, ‘torpe, bobo’, ya señalado en el DDEC (1996: 145), puede añadirse el substantivo francés babil, ‘charla, parloteo’, el adjetivo latino balbus, ‘balbuciente, tartamudo’, y hasta el nombre del dialecto asturiano, bable (‘habla confusa o imperfecta’), aducido por Wölfel (1965: 721). Que este grupo sacerdotal y su designación tengan algo que ver con la leyenda del desembarco de los Deslenguados en la costa sur de Tenerife (Bethencourt (1880) 1991: 122), es asunto que halla cierto respaldo en Abreu (ca. 1590, I, 5) y su relato de la deportación de rebeldes africanos de la provincia romana de Mauritania. Pero todavía no hay base etnolingüística suficiente para identificar aquí una fracción dialectal o tribal determinada (cf. Tejera 2004).